domingo, 13 de noviembre de 2016

De un alma a otra alma

Puede, puede que viva en un mundo inventado, en un sueño profundo del que no despierto. Que tengo atisbos de realidad que duelen y que hacen que me repliegue de nuevo al sueño. Puede que todo sea imaginación, que el amor, ese amor que creo que existe, sea solo la utopía de algunos que soñaron despiertos, que murieron jóvenes, sin saber, que “eso” que sintieron fue tan solo el deseo de amar. Un destello en la oscuridad de la noche eterna.

Puede, solo puede, que esto que siento y creo, no exista. Que sea un infinito querer encontrar un imposible. La batalla, la lucha, la búsqueda irremediablemente perdida de un algo que jamás encontraré. Intento no perder la fe, esa fe que me hace seguir cuando quiero parar. La que me hace despertar por las mañanas pensado que tal vez, tal vez hoy… Pasa un día, pasa otro. Esto que siento no muere, porque yo lo alimento. A veces, hay veces en que lo intento arrancar de mí, pero cuando lo hago, duele tanto, que sin este sentimiento, ya sea real o ficticio, no sé vivir. No está depositado en nadie, es la esperanza, la llama que alimenta mi ser. Sin ella no hay vida que vivir, no hay motivo por el que seguir. Sin la certeza de que eso que sueño es real… el mundo carece de sentido.

Y cuando veo parejas que han estado toda la vida juntos, que en su vejez siguen caminando de la mano, que están tan unidas que un rostro refleja el otro… Ayer mismo, lo vi. Parecían gemelos, pero uno era hombre y otro mujer. Tan parecidos que eran uno. De la mano. Caras serenas. Caminando tranquilos por Madrid. Eso es lo que busco sin encontrar. Esa conexión profunda que no parece haber con nadie. Que tal vez solo imagino que pueda existir.

Pero si es solo imaginación, que lo sea. Porque es lo que mi corazón anhela. Y sin ese anhelo, no hay vida, no hay llama ni luz. Se apaga el mundo, y lo vivido, carece de todo sentido. Puede que haya nacido después de mi época, puede que en los años del romanticismo hubiera estado más en mi tiempo; o tal vez sea que he nacido antes de tiempo, que hagan falta millones de años para que el mundo vea lo que veo y crea en lo que creo. O puede, solo puede, que sea una loca ilusa que no pertenece a esta era, ni a este mundo ni a este universo… a ninguno. Que solo sea un pensamiento, un deseo vano de encontrar sentido a algo que no lo tiene. La vida. Porque la vida sin bondad, sin amor, sin conectar… ¿qué es?

Un domingo cualquiera, un día de tantos en los que el sol entra por la ventana e intenta, con su calor, arropar un alma que tal vez solo sea lo que la mente un día imaginó.


martes, 18 de octubre de 2016

Hasta que te enamores

Un día ocurrirá, pero no será de mí. Será de alguien que entre en tu vida, cualquier mañana de verano o de invierno, tus ojos no verán ya a otra. Se cegarán con su mirada. Tus labios no querrán besar a quien no sea ella. Tu mente no dejará de pensarla.

La buscarás con tu mirada en los sitios a los que vayas. Allá donde la viste la última vez. No habrá distancia que te impida estar con ella. Tu frialdad desaparecerá, se te enternecerá el corazón. Tu tripa se encogerá cuando la veas. Y no seré yo, será ella.

Quiero y no quiero que ese día llegue. Lo quiero por ti, para que veas que no hay nada a lo que temer, aunque temas, llores de impotencia y tengas ganas de salir corriendo. Lo quiero para que sepas que no hay nada como sentir que tu interior se derrite, se convulsa y se estremece. Lo quiero para que sientas ternura, para que sientas cariño, para que sientas amor. Y no lo quiero porque ese día dejarás de verme. No lo quiero porque, cuando la encuentres, tus ojos ya no me verán como me vieron, no querrás no sentir, sino que sentirás por otra lo que yo quise que algún día sintieras por mí.

Llegará ese día en el que no vengas, en el que tus besos ya no sean míos, las caricias que me des sean de otra y yo lo sienta. Sienta que aunque estás, no estás. Que tu mirada se pierde entre la sábanas pensando en ella. Y al oír su nombre impronunciado por tus labios, por tu boca, sepa yo que te perdí para siempre.

Hasta que te enamores y sepas lo que yo siento ahora. Hasta que te enamores de otra, como te enamoraste de aquella antes de mí. Hasta que te enamores de nuevo de aquella morena que te dé pasiones, futuros y amores que de mí ya no querrás y que no quieres. Hasta que te enamores, cuando te enamores, sé que te perderé.

martes, 11 de octubre de 2016

Analizando un "te quiero"

Te lo habrán dicho alguna vez. Lo habrás dicho alguna que otra. Pero el significado de esas dos palabritas que nos hacen llenarnos de alegría, temblar de miedo, endulzarnos por dentro o salir pitando, tienen muchos significados.

Hay quien lo dice en el éxtasis del orgasmo, masculino o femenino, que en ese contexto, mucho sentido no es que tenga. Sí en ese preciso instante, pero no va más allá de ser un gemido de placer verbalizando un sentimiento muy puntual del momento en cuestión. Sin más trascendencia.

Otros se dicen en mitad de abrazos de cariño, se repiten varias veces, y ahí se piensa, que se dicen de verdad. Acompañados de un "ay" y de tu nombre, parecen tener más fondo. Pero... tal vez ni eso. Vacíos andan también.

Algunos se escapan tras una conversación, se dicen sin pensar y dejan al otro pensando que si será verdad lo que escuchó; al que lo dijo diciendo "¡Dios! ¡Qué he dicho! Espero que no se haya oído", y ahí se queda la historia.

Y esos que no se dicen, los que se desean decir, los que arropados con brazos alrededor, después de varios meses, cuando estás muriendo por decirlo, y en lugar de verbalizar un "te quiero", das un beso y un abrazo, miras a los ojos del que tienes frente a ti, le das un beso en el brazo, otro en la frente, en el puente de la nariz, te lo comes a besos, vaya, pero callas... o se callan.

Porque un "te quiero" significa que te quiero libre, te quiero salvaje, te quiero indómito. Te quiero tal cual eres, con tus manías y tus encantos, con tus problemas y tus alegrías; en tu presencia y en tus ausencias. Te quiero entero, con tu pasado y tu presente. Tan solo eso: te quiero.



viernes, 16 de septiembre de 2016

El momento perfecto

No hay momento perfecto, no hay persona perfecta. Ni siquiera vale saber lo que se quiere o no se quiere. Nos pasamos la vida planeando un mañana en lugar de vivir el ahora. Ya, eso que nos dicen a diestro y siniestro: aprecia lo que tienes, vive el ahora, bla, bla, bla.

Yo diría que caces las oportunidades al vuelo, que agradezcas lo que tienes, que si algo se te planta delante de las narices un día, en el peor momento posible, cuando menos te lo esperas... ¿Para qué te lo vas a pensar dos veces? Para quedarte quieto y seguir pensando en el momento perfecto... en la situación ideal, en la persona idílica... en eso que no llega porque de tanto imaginar, no VES. Abre los ojos, mira a tu alrededor y disfruta de la vida cuando se te presenta.

Hemos llegado a una edad... (parecerá un tópico, pero es que es la pura verdad), en la que el tiempo que llevamos en este mundo es más del que estaremos. ¿Para qué perderlo? Aprovechémoslo al máximo, disfrutemos de las oportunidades, y eso que dicen... es cierto: que te quiten lo bailao, eso es lo que te llevas a la tumba, lo vivido, nada más.

Pasamos por crisis existenciales... bueno, yo al menos pasé, transito por ella a ratos, preguntándome que qué demonios es nuestro propósito en este mundo. Vivir, no es otro más que ese, vivir al máximo, exprimir cada momento, disfrutarlo porque es único, cada persona es única. No hemos venido a sufrir y a amargarnos la existencia, que muchos sí lo pasan mal, pero es más el ánimo con el que vives, sea lo que te toca vivir.

Ninguno tenemos una vida perfecta. Me dijo mi madre hace poco: Tú que le das vueltas a todo, que lo analizas todo, que diseccionas hasta el más mínimo detalle... analiza y dale vueltas a la vida de los demás, míralas bien. ¿Ves que alguien tenga una vida idílica?

Y es cierto, quien tiene una cosa, carece de lo otro; quien está casado y con hijos, tienen unos problemones por los hijos, la mujer o el marido o económicos... que no quisiera yo para mí. Quien está soltero, sus traumas del pasado, sus deseos de una vida que no tiene, de no acercarse por si sale mal. Quien ahora tiene dinero, no sabe disfrutarlo por si le falta en un futuro. No hay nadie que lo tenga todo, y todos queremos lo que tiene el prójimo.... y el prójimo lo que tenemos nosotros: libertad, ganas de vivir y la capacidad de amar, llevarnos palos y desilusiones, levantar la cabeza, mirar al frente y seguir sonriéndole a la vida, que es la que hay, y ¡¡¡maldita sea yo si me la voy a perder!!!

Cuando puedes no quieres, cuando quieras ya no podrás... así que cuando puedas, aprovecha... y no mirés atrás. Si te caes, te levantas; si te haces daño, ya sanarás; si lloras, ya sonreirás. Pero no dejes de vivir por lo que haya pasado o pueda pasar. Lo que pasó está en el pasado... y el futuro es tan incierto, que para qué pensar en él. Un poco, pero no demasiado.

lunes, 5 de septiembre de 2016

Sí hay cariño aunque tú no lo veas

Expresamos el cariño de formas distintas, lo confundimos con estar besuqueando y achuchando, cuando esas no son las únicas maneras de demostrarlo. 

Hay muchas que pasan desapercibidas, tanto por el dador como por el receptor. Un gesto insignificante para muchos, que se centran en lo obvio, pasa desapercibido.

Alguien que, al despedirse, se da cuenta de que no te ha dado un beso y que es lo que a ti te gusta, se da la vuelta y te lo da. Alguien a quien le cuesta expresar cariño y da un abrazo. Una mirada de refilón que se cree que no es vista. Una sonrisa. El afeitarse o no afeitarse. El mero hecho de escuchar. No ponerse colonia ese día, porque se sabe que la otra persona no la tolera. Ese que te deja su gorra para que te protejas del sol o que se coloca entre el sol y tú para que no te deslumbre. 

Son gestos, pequeños gestos que la mayoría no ve y, que muchos, no interpretan como cariño, siéndolo.

Preguntar cómo te ha ido el día; interesarse por tu vida, por tu trabajo o por tus aficiones y querer aprender sobre lo que te interesa, por el mero hecho de poder compartir parte de esa pasión contigo, porque es tuya. Enviarte algún artículo sobre un asunto que se cree será de tu interés. Un enlace a alguna canción. Un masaje para aliviar algún dolor...

Lo obvio: cogerse de la mano, las caricias, los gestos que todos reconocemos como cariño. No todos somos iguales, no todos lo vemos en el otro. Porque a veces es tan inperceptible, que si no estás prestando antención y buscas lo normal y cotidiano, no lo ves. Y a veces, solo a veces, la mayor muestra de cariño es regalar un tiempo que no se tiene.

Hay tantas formas de mostrarlo como personas en el mundo, solo hay que verlo y reconocerlo. Puede que no seamos cariñosos como se considera normal, puede que seamos en exceso o en defecto; pero si ves los gestos, la intención... está. Solo hay que saber mirar y escuchar.


domingo, 10 de abril de 2016

Tú, yo y ese mundo

Es una constante lucha de los sentidos. Querer juntar dos vidas separadas, crear un mundo distinto en el que esa realidad que se sabe que no es, sea. Los sentimientos están, las vidas siguen, paralelas, sin juntarse, caminando por senderos que a veces se entrecruzan durante unos instantes mágicos y que vuelven a su anterior posición.

En la distancia se comparten pensamientos, sentimientos... Las almas, que por las noches dejan los cuerpos de este mundo físico, se entrelazan mientras quienes somos en esta realidad, duerme. En los brazos de los dioses de la noche, mientras lucen las estrellas en un cielo negro profundo, se ilumina otro astro, que palpita, crece y vive durante unas horas, las horas del sueño.

Allí estoy contigo, en ese palpitar de la noche, creando ese universo mágico que sé que existe, no ahora, en un mañana en el que ese astro naciente baje a la Tierra, inunde mares y lagunas, desborde rios y estanques. La fuerza que yace allá dentro será expulsada, sin poder contenerse abatirá paredes, creará lugares de ensueño, cabañas en prados con lagos rodeados de montañas, con chimeneas chispeantes que iluminarán tu rostro y el mío, besándose.

Estás, siempre has estado, dentro, muy dentro. Te encontré cuando fuera, en un instante en el que cambió mi vida. Amándote sigo y seguiré. Compartiré mi mundo en tu ausencia. Tus abrazos los siento aun sin estar aquí a mi lado, porque mi espíritu se acercó al tuyo... inseparable durante vidas eternas.

Sueños de hadas, de cuentos de niños. Realidades pasadas que vuelven cual recuerdo. Estamos, somos, seremos. Dentro el uno del otro, hasta que ese astro creado con un cariño real, verdadero y puro, allá en los cielos, rodeado de ninfas y dragones, baje a nuestro mundo, rompa fronteras y crezca más aún, dentro y fuera de nosotros.

Siempre estás conmigo porque te quiero.


jueves, 10 de marzo de 2016

Tiempos

Picotea desde dentro el polluelo, intenta salir del cascarón. No saldrá hasta que no tenga la fuerza suficiente para hacerlo. Observa, no ayudes. Corren las tortuguitas por la playa hacia el agua, en manadas, como pulguitas, esquivando las amenazantes aves que acechan y se las llevan, una a una, a sus nidos para ser engullidas por sus crías. Corren como pueden, exhaustas, para llegar al mar que las proteja. Observa, no interfieras. Gatea, se levanta, se alza sobre sus piernas y cae. Se sujeta, se incorpora y cae. Vuelve al gateo. No ayudes, anima, pero no fuerces. 

Y sí, tenemos ese instinto de romper el cascarón, sacar al polluelo antes de que esté listo para este mundo. Y sale un polluelo débil, sin fuerza, con el pico sin formar e indefenso. La tortuga a la que salvamos y llevamos al mar en la mano, evitando que sea atrapada por el ave maléfica, se salva de esa muerte segura, la transportamos sin dejar que sus patucas y la carrera le den la fuerza suficiente y esa resiliencia que necesita para sobrevivir en las aguas saladas. Levantamos al niño, lo ponemos de pie antes de que sus piernas tengan la suficiente fuerza para sostener su peso. Intervenimos en los procesos de la naturaleza. 

En todos ellos queremos ayudar. ¿Pero estamos ayudando? Queremos que nuestros pequeños crezcan antes de lo establecido por las sabias leyes de la Naturaleza. Impedimos su crecimiento natural, tanto físico como mental y espiritual. Vemos que van por caminos que fuimos nosotros y los detenemos, les prohibimos ese que fue nuestro fracaso. ¿Pero no han de aprender ellos a través de sus errores, de sus caídas? Interferimos en vez de renunciar y dejar que vayan por caminos que han de recorrer solos. "Es que no quiero que le pase lo mismo que a mí". "Es que yo ya hice eso de joven y se me rompió el alma". "Es que no quiero que le hagan tanto daño como a mí me hicieron". La experiencia en propia carne es eso, experiencia. Los aprendizajes propios, aciertos y fallos, son el mejor aprendizaje. Las lágrimas derramadas, el dolor experimentado, resultan en fuerza de carácter. Los éxitos conseguidos sin intervención de otros, son los más disfrutados.

No acapares, impongas o fuerces. Solo apoya y ayuda sin interferir en su desarrollo y proceso de crecimiento. Ama, respeta y confía... Lo demás vendrá solo...

Y, ojo, que no estoy diciendo que dejes que se estampe contra un muro del que no saldrá vivo, sino que dejes que crezca solo, que se forje su carácter, que encuentre sus creencias y valores. Confía en el trabajo que has hecho, y cuando esté listo para volar solo, deja que expanda sus alas y vuele libre, volverá al nido cuando necesite reponer fuerzas, porque sabe que tú estás allí, esperando sin esperar y amando incondicionalmente.

martes, 8 de marzo de 2016

Imposibles

Somos petardos, ¿verdad? Sí. No todos, eso sí, solo algunos. Cuando se nos mete una idea en la cabeza, cuando estamos con un problema al que no le encontramos solución (que no la tiene), erre que erre, venga a darle vueltas en la cabeza, venga a hablar de ello con esa amiga o amigo al que tenemos hasta el moño, como poco, de escuchar la misma cancioncilla cantada de mil formas distintas. 

Y es que... es que cuando no hay solución viable, parece que la tenemos que encontrar, sí o sí, y si no, también. Tirar la toalla nos parece imposible, hasta que en un momento de lucidez somos conscientes de que estamos centrando toda nuestra energía en algo que se nos escapa de las manos, en eso que, hagamos lo que hagamos, está fuera de nuestro control. ¡Ay! Ese renunciar o ceder el control. Eso no nos gusta, ¿verdad? Admitir que no somos capaces de conseguir eso que ansiamos, que "nos cambiaría" la vida. Tirar la toalla... Llamémoslo como queramos. Y bien es cierto, que cuando la cabeza ya nos estalla, nos cogemos cualquier infección por mínima que sea, cuando nuestro cuerpo nos dice ¡BASTA, morena, que me estás haciendo daño con tanto pensar en lo que no puedes solucionar! Entonces y solo entonces, paramos. Pero... de vez en cuando... sí, de vez en cuando seguimos con la cancioncilla.

En este mundo en el que nos han dicho cientos de veces, en el que oímos que hay que ir tras los lo que se quiere, y que quien la sigue la consigue, con esa actitud... ¿nos hace bien o nos machaca? Hay veces en las que tenemos que rendirnos ante la evidencia. Como decía un antiguo jefe mío: "Lo que no puede ser, no puede ser y, además, es imposible".

Ya... Pero...